El golpe logra penetrar mi guardia, se acerca el segundo golpe e impacta directamente en mi rostro. El daño producido se siente en todos mis nervios. El mentón se sacude y recibo otro, y otro, y otro golpe. Ya estoy aturdido, estoy a punto de perder el conocimiento, solo queda resignación o estupidez. Elijo estupidez.