Cansancio que recorres por mis venas, apiádate de la pobre alma del escritor. Que sufre la lucha constante en su conciencia, sus sueños pelean con la traición y la desobediencia. La sangre se convierte en aceite, sus huesos pasan a ser metales en movimiento. Los engranajes liman asperezas con las neuronas y la transmisión deja a su pobre corazón para satisfacer su único objetivo, que es la gloria del creador.
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