De paradero desconocido, la silueta de un hombre se acerca a lo lejos. Miradas que causan escalofríos, pisadas que atraen a los incrédulos. Las esdrújulas se arriesgan a tirar acentos, en el salón de la reina. Las marmotas descansan sus colas ante el trabajo no realizado. Soy una especie de pseudónimo que no tiene ninguna relación, un juez que dice lo que no hace y que pierde monedas en los trenes. Un simple payaso de esta sociedad.
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