En esta torre gris y desolada,
me espera solo una mañana,
encarna a todos mis pecados,
me lleva directamente al fondo del lago.
Antes que sea tarde, antes que mi piel se empiece a secar por la falta de palabras, mis programas chocan contra el muro de una simple nota musical. Vagando por los pasillos de madera, los incrédulos festejan la ceremonia que se realiza bajo la perspicaz mirada del sacerdote blanco. El humo cubre mi cara y el realiza un macabro movimiento, el tiempo se ralentiza a cada paso, a cada quiebre de cintura que realizo. Puedo estar perdido, puedo nadar y a pesar de eso. No estoy solo, estoy aquí con mi tarde triste y gris.
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