El desierto sorprende a los pasajeros del avión, los encuentra sudorosos y cansados, hambrientos y deprimidos, los encuentra perdidos. El calor sigue golpeando sus cuerpos, sus rostros, sus mentes. Los deja vacíos, sin alma, sin poder defenderse de lo que ya es inevitable. La locura entra en escena, el saber de la realidad se muestra ante ellos, el espejismo se puede observar pisándole los talones. Ante ellos solo les queda su propio ser, su propia locura.
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