Cuando se aproximan las nubes a la ciudad, los animales escapan de la locura céntrica del asfalto, huyen despavoridos hacia el refugio más cercano, se miran, se buscan y se encuentra. En las localidades aledañas los músicos lloran a sus instrumentos, que presas de malos tratos han acabado como simples regalos de bodas. El sol no tendrá lugar en esta partida de sueños rotos y calles frías, no se hará presente. La suerte se hará presente en cada habitación, siempre y cuando suene una buena canción en la radio.
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