La lluvia me castiga si todavía no hubiese precipitado, el viento me golpea como si fuera árbol marchito, las nubes me ocultan la esperanza del día y el sol no se asoma en esta mañana de domingo. Preso de mis palabras yo cumplo mi condena, he estado lejos de mis malos hábitos y la oscuridad se hace más evidente. Me he perdido en un mar de dudas como un náufrago a la deriva, he jugado a ser mi propio investigador privado y en cada escena ensucie, la evidencia. He dejado de ser la otra voz del teléfono para convertirme en aquel señor que está ahí. Es hora de olvidar los disfraces y despertar de ésta terrible pesadilla.
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