La vanguardia del placer, no se esconde en textos de otros idiomas, no desaparece por arte magia, no corrompe el espíritu salvaje. El placer se busca en los besos de los amantes, en las manos que se atrapan y en las miradas que duran décadas. El tiempo analiza todas las frecuencias, desconoce las opciones y tira por la borda todo el trabajo realizado. Quizás el amor se encuentra en el aire y solamente tengamos que estimular los receptores necesarios para desencadenar una respuesta adecuada.
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