Esperando el colectivo, el tiempo transcurre más lento. Las voces se escuchan por debajo de los asientos, las palpitaciones se aceleran al ritmo del semáforo y el conductor pide a gritos que se baje el último niño. El payaso sube intentando vender su magia, los jóvenes se duermen ante la llegada de embarazadas intentando recordar cuando ellos eran fetos. El señor con los lentes y el diario, se da cuenta de la situación y en vez de levantarse solo atina a decir: esta juventud está perdida.
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