El estribillo taladra mi mente en una consonante repetida, el temblor de mis manos no permite continuar con el unisono, el tiempo empieza a jugar más sucio con el destino, las frases hechas se rompen en un ausente déjà vu. Tu mirada vacía en el café frío enciende mi despertador espiritual. Hacia donde van esos segundos de admiración cuando todo queda a oscuras, como podemos seguir después de haber conocido la verdad. Como seguir en este juego de amor.
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