La larga cola del final solo presenta atajos y desvíos, el camino más largo se transforma en una pendiente con miles de piedras de fondo. En la puerta esperan el juez y el cobarde, la bolsa se esconde por lo fondo y no es un pétalo de rosas el que se escapa del nudo. Todos los trasfondos se olvidan en esta escollera, los maridos se sacan las penas con las secretarias, las divorciadas se olvidan la ropa interior en las casas de apuestas, los navegantes viajan sin reparo y recuerdan en la entrada al puerto, que viajan sin documentos.
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