Intente pasar desapercibido en tanto ruido, los vagones se llenan de gente y todo resulta demasiado confuso. La fórmula secreta no es bien vista por los ojos del mecánico, el andar seco y desprevenido puede terminar de herir el orgullo. Los dientes que limpian los nombres de los ángeles caídos se anastomosan en un camino que carece de praderas. El cerebro de los inmaculados tuerce la balanza hacia el lado de los dragones.
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