El cambio de horario atrasa a todas las composiciones, el despertador atraviesa la ventana por culpa de una mala noche. Los mosquitos pican los pies y la mente tiene la necesidad de rascar la espalda, los dedos no logran satisfacer a la piel y los objetos cambian con el correr de las horas. Las marcas quedan incrustadas en una pared lejana, la señal quizás no sea tan fuerte por estas horas, pero si hay una razón para llamar, mejor que sea rápido, antes que se reproduzcan los mosquitos vengadores.
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