Me levante del sillón de tus padres, me escapé de la ventana en el momento que tu recuerdo se iba, salí a correr una maratón de la cual no podía ganar. Cuando la reliquia emite su rastro de luminiscencia, mis ojos se iluminan en la oscuridad. Quieto y despierto, atento y en movimiento, mis músculos se recuperan de la fatiga. No culpes a nadie, porque nadie tiene la culpa.