A mil revoluciones por mi minuto, empiezo a caminar por este camino de oscuridad, que va alternando entre piedras y pasto. La ausencia de mi conciencia y el despertar de la locura se apoderan de mí ilusión de joven poeta. El sonido que va golpeando moderadamente las tejas puestas sobre un pasado, cancelan el movimiento de mis piernas que solo intentan volver a casa.