Abriendo la puerta para salir a jugar, la calle muestra toda su presencia, el pavimento refleja el calor del sol y la lluvia golpea los adoquines como plumas invadiendo tu rostro. El roce del dolor no puede atravesar mi piel, mis sentimientos no mueren con el paso de las horas y mi cuerpo deja de preocuparse por no saber a donde ir. Jugaste, fichaste, reíste, ganaste, perdiste y hay más.