Dos gigantes pelean por saber cual posee más orgullo. Tercos como dos mulas afilan sus garras, sus dientes crujen ante su propia impotencia de no dar marcha atrás. Paso a paso el silencio es más estremecedor, giros y vueltas no sirven para evadir esa patada. Los seres animados que evaden sus preguntas con más respuestas, solo son llamados ante gaviotas que vuelan cerca de la orilla. La costa es un buen lugar para empezar este juego de seducción.