El frío trae consigo el temblor de los cantos, el sufrimiento de los débiles abrigos, la congestión y los vahos. El invierno congela mis emociones, mi risa y tu sonrisa sufren ante la tensión de la piel. Quizás no haya leña en la chimenea, quizás sea tarde para prender la estufa, pero nunca es tarde para un buen trago.
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