Las hojas sobre vuelan la ciudad, el amanecer espera que Apollo le indique su llegada. Los cordones se ajustan a mis pies y el pavimento se prepara para recibir mis impactos. El viento intenta golpear mí cara buscando alguna debilidad, el vapor sale de mí cuerpo y la sangre hierve de felicidad. Los gatos corren por los tejados y los perros ladran sobresaltados por la velocidad, llegando al final del recorrido, las escaleras terminan con mis brazos en alto.
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