El sonido retumba en la alcoba vacía, el vaso lleno de elementos líquidos rebalsa ante el poco consumo. La soledad dueña de mi alma, me ampara y me cobija en esta tarde gris. Los dolores producidos por la actividad nocturna llegan rápido a la fiesta de mis sentidos. Todo por ser, quien dice ser. La flecha atraviesa mi piel y mis huesos, dejando la carne a la intemperie para que los buitres carroñeros consuman lo que resta de mí.
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