Eclipsado por los destellos de luz, los brotes del fruto prohibido hacen que mis ganas de comerte sean insaciables. El calor de una chimenea nos lleva a seguir el ritmo de la música, nuestros cuerpos buscan un poco de lumbre en la oscuridad de la noche. Lejos de la tierra nuestros pies descalzos no pueden sentir la humedad del suelo. El cansancio se hizo parte en mí, solo me quedan segundos antes que no recuerde nada. Ahora acabo de quedar seguramente entre tus brazos.
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