La felicidad a veces juega de garante en un relación, con el paso de las horas las risas muestran una explosión de colores. El sabor amargo muchas veces llega con los años, los sacrificios olvidados, el tiempo regalado por un idea que pensamos es la correcta. No es la pena o el arrepentimiento el que golpea la puerta, sino el hecho de saber que la respuesta siempre estuvo al alcance de la mano y muchas veces no se tiene el valor para tomar al toro por las astas.
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