El viento golpea con fuerza sobre mi azotea derribando mi antena parabólica, no hay conexión con el planeta y mi mente veloz se acelera más de lo normal. La dosis diaria de cafeína sobrepasa los limites de un consumidor habitual. El premio de esta locura cotidiana es saber que no existe tal cosa. El segundo mas tarde, puede ser el final del golpe. Las incoherencias vuelven a la realidad cuando los mundos bizarros se pierden en un triángulo amoroso.
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