La tristeza congela las extremidades inferiores, los relojes suenan en esta habitación vacía y el crimen se comete en una casa abandonada. El tesoro escondido cambia de manos y los personajes de este cuento no se miran ni en los créditos finales. El apostador queda en bancarrota, este loco se va para nunca volver y para recordar que cada tanto gana y cada tanto pierde.
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