Esperé horas, días, semanas, años, el tiempo fue bueno conmigo porque me dio una segunda oportunidad. Descubrí el verdadero valor de la fe, encontré que tú presencia me hace bien en todos los sentidos. Mi cabeza todavía sigue agitada de la larga noche y el extenso día, quizás se me acaben las palabras pero solo escribo para agradecerte por estar siempre presente.