Era la madrugada de un miércoles, no muy distinta a otros miércoles, me encontraba en una habitación solo con mis pensamientos. Estaba dispuesto a resolver el enigma, aquel que se me había encargado, las paginas de mi cuaderno de notas estaban blancas y las imágenes carecían de sentido. Sabia muy bien quien había realizado el crimen pero encontrar la evidencia se hacía cada vez más difícil.