El sentido de las palabras no tiene lugar en esta estantería de libros usados. La ciudad entra en su toque de queda, los niños ya no disfrutan del aire y el agua es el único recurso que nos queda. Miles de súbditos se arrodillan ante su dios, de carne y hueso. Deberían empezar aprender que los animales se rigen por las mismas reglas.