Mezquina de mis besos, el sabor se confunde con la sed, el ahorro de mis electrólitos me llevan a pensar el porque. Del estado alterado a la locura perpetua, del verbo predicado a una triste oración. El adiós a la mañana me lleva a recordar el porque ayer no comenzó. Miles de ciervos corren por los valles de la desolación, el peso de los mortales cae ante la simple traición.