La tragedia y las pesadillas comulgan con los sueños rotos. Mi cien explota al ritmo del ocaso, la Luna se esconde presa de la culpa. Las estrellas piden a gritos ser vendidas en una subasta de melancolía y las constelaciones buscan sus nombres en un típico tabloide de chimentos. Después de todo quizás sigas viviendo en mis sueños y seguiré despertando en un vacío amanecer.
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