Las cabezas de los títeres ruedan por las colinas argentinas, desenfundando mentiras para conquistar corazones. La dulce ironía no satirizada por cómicos, lleva a pensar a los panqueques del dinero cual es el que mejor paga. No hay tortas en las oficinas ni choripanes en las calles, las gaseosas en sus bolsillos llenan los estadios de los incrédulos que dejan usarse por los cerdos de siempre.