Era una noche así, fría y tranquila, no había nada más que dos amantes esperando el momento para besarse. Nos situamos en un desierto, donde el calor agobia los pensamientos y todo parece menos irreal. El tiempo no los premiaba a ninguno de los dos sin embargo ambos deseaban en lo profundo de su ser, al otro. Las complicaciones eran moneda corriente para ellos, sus propios problemas los ahogaban en una nube de dolor. Buscaron la solución menos dolorosa que fue decirse, hasta luego.