El ingenio popular muestra que uno puede contar hasta diez para calmar los impulsos, pero que mejor que poder contar con la gente que uno necesita, en los momentos en que los puntos y las comas son tan necesarios como ilógicos, cuando los abrazos son tan necesarios que hasta el último epistolario se encuentra perdido en un banco de plaza. Me olvidaba... puede contar conmigo.
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