El sueño de las escaleras, la comida, las miradas perdidas y los abrazos, terminaron cuando abrí los ojos y me tope con un teléfono sonando lejos y a la deriva. Mi corazón como un músculo de toro me impulsa a chocar, nunca jugué a las adivinanzas, nunca crecí de altura, mi mente llega a tocar la luna solo cuando ella se deja tocar. Para lo demás es cuestión de volver a soñar.