Lejos de volver a dormir en la siesta eterna, lejos de hacer cantar a los pájaros verdes, perdido en un bar con dos copas vacías me encuentro buscando monedas en la alfombra roja. Miro el reloj, agito mi cabeza, me peino y salgo a buscar al dueño del tiempo. Siento y luego existo, pienso y luego actuó, me canse de esperar y llegar tarde, es hora de ir. Pongan en marcha el auto, que el motor esta encendido.