En la ingesta diaria de contaminantes, mis labios disipan una corriente de pura verdad. Mis dedos sufren con la velocidad de la mente. El encuentro esperado con el calor de primavera, renueva mis ganas de salir a caminar. El dulce néctar de la felicidad invade tu cuerpo, el abismo hacia la realidad golpea mis sueños. Es hora de abrir la puerta y dejar que el niño interior, salga a jugar.